Desde hace dos años, la novillada sin caballos -becerrada ayer por tratarse de añojos- que cierra la feria se ha convertido en uno de los festejos más entretenidos del ciclo por el toreo de calidad que se puede apreciar en el ruedo.
En el festejo de ayer, los añojos estaban cercanos a ser erales; por ello, tuvo todas las características de una novillada sin caballos, de un festejo menor, pero serio, por lo que el palco debió tomarlo como tal y no como si de un festivalete se tratara.La materia prima volvió a convencer y alcanzó la nota de notable; sólo un ejemplar impidió la de sobresaliente. Los novillos tuvieron nobleza, fijeza, se desplazaron alegres, humillados y tuvieron recorrido.
El premio de la vuelta al ruedo al tercero se antojó excesivo pero no que el mayoral la diese al término del festejo, de una novillada para crear afición, por la mucha chavalería y niñez que asistió, pese a alguna carencia, como la falta de timbaleros, paliada con el buen trabajo musical de la charanga de la peña El Brindis.
Respecto a los diestros, los tres mostraron buenas maneras aunque reflejó más rodaje el último, Del Álamo, que dibujó una faena ante el que cerró plaza de muchos quilates, variada, pausada y torera. Tal y como había ido la tarde, tuvo los máximos trofeos en sus manos pero no acertó con los aceros. Semejante ilusionante proyección había mostrado antes ante el tercero, al que mató de una estocada. Y es que los cuatro primeros ejemplares murieron de sendas estocadas, lo que da muestra del buen hacer.
A los puntos, este fue el vencedor del Bolsín Taurino de Tudela, una iniciativa que debe tener continuidad y, progresivamente, mayores apoyos.Cámara reflejó asimismo buen concepto del toreo. Su triunfo pudo tener mayor dimensión pero le tocó el garbanzo negro del buen encierro, ante el que dio la cara. Menos placeado que sus compañeros, el cordobés Aguilera fue todo entrega, bañada en limpieza y temple.En definitiva, buen final a una histórica feria. Larga vida.