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Análisis: Decepciona Fuente Ymbro en Valencia

ALFONSO SANFELÍU | Valencia
17/03/2008 00:08
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No fue la corrida de Ricardo Gallardo que Valencia esperó ver y disfrutar con ganas en la décima del abono fallero y es que lo que al final salió al ruedo no fue ni de lejos los corridones de toros a los que nos tenía acostumbrado el ganadero.

Astados regularmente presentados, algunos de ellos muy justos de trapío e incluso anovillados de cara para una plaza de primera como la valenciana y que adolecieron de casta en algunos ejemplares y que en otros, nunca terminaron de romper con la espectacularidad a la que el toro bravo de Gallardo nos tiene acostumbrado. Para colmo de males, dos toros devueltos, uno de ellos un precioso jabonero que por lo poco que apuntó en los primeros compases de su lidia, era un gran toro.

El primero bis, justo de presencia, sirvió para el lucimiento de Califa en el capote y después, con poder y transmisión valió para una faena de muleta en la que su matador estuvo firme y decidido cuajando un trasteo que malogró estrepitosamente con la tizona. El que sustituyó al precioso jabonero, tampoco estuvo sobrado de fuerzas, manseó en el caballo y en el segundo tercio, llegando a la muleta con embestidas a media altura, con clase y cierta nobleza eso sí, aunque mansurronas.

Su casta fue lo que posiblemente, le salvó de no ser peor. Y el tercer toro de la tarde, que se fue sin picar como casi toda la corrida, sirvió para una faena breve y de cercanías como la que le hizo su matador aunque de mayor a menor intensidad emocional.

La segunda parte del festejo tampoco fue mucho mejor. Justo de presentación el cuarto de la tarde, éste fue soso en el caballo, recibiendo un justo castigo en varas. Llegó templado al último tercio y se terminó pronto, ahogado por el toreo encimista aunque valiente -eso sí- impuesto por su matador. Bien presentado el quinto, recibió sendos mini-puyazos y protagonizó un discreto segundo tercio de banderillas.

Después, en la muleta fue incierto, gazapón y complicado, lo que no facilitó la labor de Perera. Y cerró el festejo un manso y reservón fuenteymbro, más parecido a un bisonte que a un toro bravo, que plantó cara desde que salió de chiqueros a todo aquel que se puso en su jurisdicción. Peleó mansamente en el caballo saliendo bronco y violento de los montados aunque posibilitó, posteriormente, el lucimiento de Pirri -con los palos- en el segundo tercio. En la muleta acrecentó su violencia hasta acabar parado y sin dar opción alguna al lucimiento de Manuel Jesús 'El Cid'.

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