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El Pilar, dos toros y algo más...

JOSÉ VEGA
15/05/2008 22:31
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El hierro salamantino de El Pilar volvió a San Isidro con la lógica expectativa que crea una vacada que tan notables éxitos ha cosechado en este coso. Más, si cabe, cuando se daban cita varias circunstancias: el cartel, el día grande de la Feria, las buenas tardes, como la de Nimes hace unos días, que ha dado este año…La expectación se cumplió, a medias, pero se cumplió.

Fue gracias a dos toros sobretodo, pero sin olvidar los matices que tuvieron los demás y que quizá pudieron haberse aprovechado si la disposición y oficio de los espadas hubieran estado acorde.

Esos dos toros que se llevaron el gato al agua, y El Cid los acompañó, fueron segundo y quinto. El segundo se defendió y flojeó, como casi toda la corrida, en los primeros tercios. Se quedó en el ruedo cogido con alfileres pero, ¡benditos alfileres!, ya que, si no fue un toro de bandera porque duró poco y fue algo desigual en las formas, sacó en dos tandas una calidad y nobleza extraordinarias, tomando la muleta humillado y hasta el final. Luego, esa falta de fuerzas y un pitón izquierdo por el que le costaba repetir, hicieron que terminara muy parado.

El otro “bueno” del festejo fue el quinto. Abanto de salida, también se movió peligrosamente en las postrimerías de su lidia. Sacó poder en el caballo y salió flojito. Pero en la faena de muleta fue de menos a más. Pronto y fijo, humilló y tomó las telas con mucha clase, bien es verdad que sin demasiado poder. Fue fuertemente ovacionado en el arrastre.

El “algo más” fue el resto de la corrida, no toda, ya que el tercero fue soso y flojo y nunca se empleó en sus arrancadas. Pero lo demás, el primero, después de protagonizar un peligroso tercio de banderillas acostándose mucho por el pitón izquierdo, llegó algo débil al final, noblote y sin malas maneras, le faltó transmisión. El cuarto si no se hubiera apagado tan pronto hubiera sido otro de los toros de la tarde. Peleó y sacó raza en el caballo y eso, y por que le pegaron mucho, fue lo que hizo que solo aguantara dos series desplazándose, sin humillar mucho, pero con recorrido que se acortó porque pedía más aire y distancias. El sexto, otro que empujó con vigor en el peto, tomaba pronto la muleta, si bien protestaba un poquito cuando le bajaban la mano. El matador, Alejandro Talavante, desgraciadamente no supo entender ni los tiempos ni las distancias del toro y se fue al desolladero sin haber mostrado toda su dimensión.

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