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La casta, Adolfo, la casta...

JOSÉ VEGA | Madrid
30/05/2008 22:09
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Lo mejor que tuvo la corrida de Adolfo Martín, además de la clase del sexto toro en la muleta, fueron los toreros que tenían enfrente. Se debe estar dando con un canto en los dientes el ganadero madrileño por haber caído su floja, desrazada y deslucida corrida en manos de un maestro repleto de técnica y que pasa la mejor época de su carrera como El Fundi, un torero casi olvidado pero que está en un momento bueno y crucial en su carrera llamado Diego Urdiales, y de un joven matador que, aparte de expectativas, venía a ponerse de verdad y lo que es mejor, a torear, Alejandro Talavante.

Eso, y el ya citado buen toro corrido en sexto lugar, salvan una tarde que estaba abocada al fracaso más sonoro de los pupilos de Adolfo.

El toro bueno, el sexto, flojeó en los primeros tercios y cortó mucho en banderillas sobretodo por el pitón izquierdo donde puso en apuros en el tercer par a Fernando Galindo. Luego cambió para bien, ya que fue un animal que comenzó titubeante y sin mucha entrega, pero fue a más. Embistió noble, sin mucha raza y casta pero con desplazándose con calidad y recorrido mejor por el pitón izquierdo.

El resto se puede resumir en un segundo toro que humilló más que sus hermanos en el capote y se movió, sin demasiado celo, siendo mejor por el pitón izquierdo en esos compases de faena. Fue algo más templado en la muleta pero sin emplearse en las arrancadas, tomando la tela siempre a media altura. Aquí viene a colación destacar la labor del torero, ya que Urdiales entendió que el pitón por el que el toro tenía algo era por el izquierdo y ahí le echó la muleta adelante y el animal embistió humillado lacon algo de son y recorrido.

Bien es verdad que hubo toros que hicieron una aceptable pelea en varas, como el primero de la tarde, sin demasiada codicia y dejándose pegar pero siempre fijo en el peto; o el tercero que si bien no empujó en demasía fue siempre alegre al encuentro; y el quinto que reduzco su pelea a un primer encuentro pero empujando y metiendo la cara.

Lo demás pasará a la historia como un espectáculo carente de emoción, pasando andando en los engaños, sin codicia y sin casta, eso es lo preocupante, la casta Adolfo.

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