Fue el primer acto público organizado por la Federación Taurina de Navarra La Federación Taurina de Navarra, recientemente constituida, celebró ayer, por primera vez, una concentración de clubs, peñas y asociaciones en la plaza de toros de Mendavia.
En total, acudieron tres centenares de aficionados provenientes de clubs como los de Pamplona, Tudela, Tafalla, Estella, Peralta, Sangüesa y San Adrián, de peñas como la tafallesa de Pablo Simón y de asociaciones como la pamplonesa de El Encaste. Fue una jornada de hermandad con cierto carácter reivindicativo, ya que la plaza mendaviesa, llamada Cárcava Brava y de carácter privado, lleva unos años sin poder ofrecer festejos taurinos, debido a que, según la Administración, no cumple los requisitos para llevarlos a cabo.
Hay que recordar la Asociación Taurina Nuestra Señora de Legarda, de Mendavia, cuenta con más de 2.000 abonados, de los 3.500 habitantes que tiene la población ribera, lo que la convierte en una de las mayores de Europa. En 2005 celebró un festival en el que únicamente hicieron el paseíllo mujeres toreras y aunque resultó un éxito, desde entonces no le ha sido permitido organizar más festejos taurinos.
El programa previsto comenzó con la celebración de una misa a las diez y media de la mañana. Una hora después, se sirvió un almuerzo popular, que dio paso al plato fuerte de la jornada, un tentadero con ganado de Navarra en el que intervinieron los matadores de toros Diego Urdiales, de La Rioja, y Pablo Simón, de Tafalla, además de aficionados prácticos como el pamplonés José Luis Esparza o el fiterano Eladio Yanguas.
Se probaron seis eralas de Ganadería Antonio Fernández, de Mendavia, que dieron un juego dispar. Este criador mendaviés, conocido como "El Chula", creó su vacada en 2001 con reses de Esteniaga, a las que añadió el año pasado varios ejemplares de Ganadería de Pincha. El más afortunado con el sorteo fue el espada riojano, al que correspondieron tres vacas que sirvieron para el toreo, sobre todo la primera, que embistió con nobleza y con la que pudo lucirse y demostrar su buen estilo.
Peor suerte tuvo Simón, que sólo pudo dejar destellos en forma de buenos muletazos sueltos. Tras esta prueba de bravo, los asistentes disfrutaron de una comida de hermandad y unos bailables, que pusieron fin a la fiesta.