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Montealto, sí pero...

JOSÉ VEGA | Madrid
12/05/2008 22:58
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Primera novillada de la feria y primeras dos orejas en una misma tarde entretenida, pero que le faltó rematar, en cuanto al juego del ganado se refiere. Volvía la vacada madrileña de Montealto a Madrid precedida de una buena temporada pasada y una exitosa comparecencia en esta plaza donde varios novillos derrocharon bravura y nobleza y a la que uno de los participantes de hoy, el madrileño Chechu, le cortó una oreja al sexto novillo.

Movilidad, esa es la tónica que han seguido durante toda la tarde los novillos. Tres de ellos destacaron sobre sus hermanos por ofrecer más posibilidades. Sin ser una cosa del otro mundo y gracias al buen hacer de los novilleros que taparon varios defectos, parecieron ser mejor de lo que de verdad eran.

El segundo, más encastadito, comenzó en el capote frenándose nada más salir del lance y con la cara alta. Apretó para los adentros en varas, se le pegó mucho en el segundo encuentro y quedó algo parado. Gracias al buen sentido en los toques precisos y el temple de Rubén Pinar no se le notó el defecto de calamocheo protestón que llevaba en cada viaje de la faena de muleta, en los cuales se iba quedando cortito a partir del tercer muletazo. Se le cortó una oreja y se le ovacionó.

El otro que se fue sin uno de los apéndices fue el sexto. Mejor en los primeros tercios repitió codicioso en el capote de Tendero. Fue alegre al caballo pero salió suelto en sus dos encuentros. De noble comportamiento, le faltó un punto de recorrido que Miguel intentó siempre alargar, ya que nunca remataba el pase hasta el final. Fue de más a menos.

El tercero fue flojo y faltito de raza. Aunque fue de menos a más, y llegó al último tercio templado y desarrolló en varias arrancadas una noble condición a la que faltó un punto de transmisión.

El resto de la novillada fue, sin más. El primero fue un novillo bruscote y que manseó de salida, se le hicieron muy mal las cosas y lo pagó al final donde no se empleó en ningún momento y salió distraido y con la cara por las nubes en los lances de muleta. El cuarto también fue mansito en los primeros tercios, flojeó y embistió a oleadas. Descompuesto y sin humillar en ningún momento, acabó al paso y protestando. Y el quinto, por último, aunque pronto y fijo, se resintió de una evidente falta de fuerzas acrecentada por una fea voltereta y se defendió siempre con la cara alta.

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