La seria y honda corrida que Carmen Segovia ha enviado hoy a su comparecencia en esta Feria de San Isidro ha mostrado un comportamiento irregular al mansear todos los toros en los primeros tercios, desarrollar peligro en banderillas y ser cambiantes, unos para bien y otros para mal, en el último tercio.
Hubo mayoría que lo hicieron para bien, cuatro, sobretodo dos de ellos, primero y sexto. El primero fue el toro de la corrida. Un animal que manseó, no se empleó de salida y flojeó en el peto. Pero, lo que son las cosas en el mundo del toro, cambió totalmente su comportamiento y desarrolló nobleza y calidad en la muleta, metiendo la cara con clase y yendo a más a medida que avanzaba la faena. Aunque Urdiales no toco pelo, fue uno de los toros con opciones que se aprovecharon. Fue fuertemente ovacionado en el arrastre.
El sexto, nadie daba un duro por el. Mal comportamiento en los primeros compases de la lidia, fue encastado, dentro de su mansedumbre. Un defecto podría ser que reponía pronto. Un toro que pedía distancias porque se desplazaba y que pudieron ser aprovechadas esas embestidas pero, El Capea se empeñó, incomprensiblemente, en darle cercanías. Un toro que pedía firmeza, y el salmantino dudó por momentos y solo se metió firme entre los pitones cuando el toro ya no tenía más. Fue uno de los que no fueron aprovechados.
Los otros dos potables del encierro fueron tercero y cuarto. El tercero con menos posibilidades, bien es verdad, aunque tuvo varias arrancadas en dos series al principio de faena donde echó la cara abajo y mostró algo de recorrido. Tampoco fueron aprovechadas por su matador.
Y el cuarto, un torancón de 645 kilos, que si bien fue al que cortó la oreja Diego Urdiales, no fue un buen toro. No anduvo sobrado de fuerza, embistió al paso y con la cara a media altura, pero la disposición y el mando del riojano hicieron que acabara pasando, sin empuje, pero con la transmisión necesaria para que el público se metiera en la faena.
Los que no tuvieron nada dentro, nada más que supieron defenderse y medir al torero fueron dos prendas, segundo y quinto.