Ricardo Gallardo enseñó en Zaragoza lo que es un toro bravo, también al inocente jurado. De sonrojarse. Ese sexto toro, Lanudo de nombre, fue junto con el de El Ventorrillo que sorteó El Cid hace siete días en Barcelona, el toro de lo que va de año y, llegado octubre, será a buen seguro firme candidato a toro de la temporada.
El ejemplar de Fuente Ymbro guardó ciertas similitudes con aquel de Ventorrillo por lo pronto, alegre, noble y bravo aunque, si me apuran, éste desarrolló sus virtudes todavía con más transmisión y bemoles. Pronto lo anunció el toro, que protagonizó un espectacular tercio de varas. Cinco veces entró al caballo, la última casi desde la finca. Fijo empujó Lanudo bajo el peto.
Si importante fue ésto, lo que llegaría después resultó de auténtico clamor. Le dio distancia Serafín. Mucha. La misma que demandaba el toro, que desde la primera serie hasta la última galopó alegre y fijo desde casi cuarenta metros a la muleta que le presentaba el catalán. Llegado a la jurisdicción del torero, el animal se desplazaba largo y por abajo, con fondo, repitiendo incansable. Con ritmo incluso. Por los dos pitones y hasta por el rabo embistió el toro. Completo.
Iban cayendo una tras otra las series y el toro parecía ir a más. Se comía por abajo la tela. En bravo. De más a mucho más y no en sentido inverso como el pupilo tercero de Prieto de la Cal, de más a mucho menos. No sabía uno, hasta el fallo del jurado de Zaragoza, que el final de un toro bravo era pararse en la muleta.
Serafín podrá ponerle al toro la única pega de un molesto punteo al rematar los muletazos, fruto del enorme desgaste de su exigente lidia y la lógica merma en la fuerza del toro, que tampoco Marín, intermitente y algo ligero por momentos, acertó a corregirle. No se entienda esto como un intento de cargar las tintas con un torero que anduvo más que digno con un toro de los que igual que encumbran, también entierran. Aunque todo sea dicho y, si bien no desentonó Serafín, mucho menos cuajó como merecía al bravo toro de Gallardo.
El desgraciado percance de Serafín y su dramática caída a plomo, heló la plaza. También truncó la suerte de un toro que debió haber vuelto al campo. Imagina uno también que, visto el fallo del jurado, a Gallardo se habrán quitado las ganas de verse en otra parecida. Máxime cuando unos pocos llevan tiempo empeñados en colgar a la brava ganadería gaditana la etiqueta, cada vez más a la baja, de vacada torista. La guerra de Fuente Ymbro no estaba hoy en Zaragoza. Más bien mañana en San Sebastián, aunque toros como Lanudo ya se encargan ellos solos de hablar por el ganadero y poner las cosas en su sitio.
Que contentos estarán los empresarios con vosotros, que baratos les salís, jejeje. Prieto de la Cal, Cura Valverde, Monteviejo, Barcial...tienen que estar descojonados. Bravo fue el de Fuente Ymbro y brava es la ganadería. Esa, El Ventorrillo y otras más. Bravura es capacidad de lucha hasta la muerte, no hasta pasado el tercio de varas. Que lástima...Enhorabuena a Burladero por saber ver toros.
el de Prieto de la Cal fué de menos a mas. De todos modos creo que la noticia fue la gran corrida concurso que vimos, esos dos grandestoros de Fuente Ymbro y Prieto, el mas que interesante de Adolfo,.....las 22 varas, la plaza emocionada con la suerte de varas, dos matadores que estuvieron perfectos toda la tarde, dos buenas cuadras de caballos, un grandísimo picador etc etc....Este titular que produce tristeza tras ver la corrida