No hace tanto de aquel 'No hay más cera que la que arde' de Gómez Ballesteros, de aquella presentación de uno de los últimos (y pírricos) sanisidros de la era lozana y de aquel lamento por la falta de toreros con tirón e interés al que pronto se adhirieron fariseamente empresarios de aquí y de allá. 'Qué más quisiéramos que contar con una baraja de toreros ilusionantes, sería mucho más fácil hacer las ferias', se decía entonces.
A la psicosis de la crisis, que en lo que toca a ferias grandes se han encargado de desmontar Valencia y Castellón con sanadores resultados económicos, parece agarrarse una industria que, salvo honrosas excepciones, anda loca por la música de Top Manta aunque se esfuerce en disimularlo. (Bueno, bonito) pero sobre todo barato con Madrid ahora de escaparate y peligroso altavoz.
El mensaje es claro: Madrid con su abono no es capaz de pagar a José Tomás y Ponce ni de buscar fórmulas para anunciar a Cayetano o Ventura. Tiene razón Boix, con cada vez menos pelos en la lengua y el aval económico y artístico de los 5 y 15-J pasados . Aunque, el que de verdad queda en mal lugar es el toreo. Algo así como si Messi o Cristiano se pierden la Champions porque ningún club fuera capaz de pagar, ya no su traspaso, sino su ficha. Lástima que el ‘taurino' fuera Calderón y no Florentino, con perdón.
Ahora que el efecto JT ha despertado y extendido incluso a otros toreros el interés de los grandes medios por la Fiesta, es el propio toreo quien se encarga de ahuyentarlos. O se imaginan a Telecinco o Antena 3 abriendo su informativo en el auténtico agosto mediático del toreo, que es mayo, con los carteles del 7, 8, 9, 10... sigan ustedes.
Lo de Sevilla en su día sorprendió menos, visto lo visto, pero esto de Madrid cae como una losa a tenor de las buenas ferias programadas por Taurodelta años atrás. Paso atrás y en el peor momento entonces. Ahora, la Comunidad asentirá y consentirá y Ballesteros cumplirá con su papelón de 'vender' la excelencia de los carteles en nombre de los madrileños que le pagan.