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OPINIÓN

Elogio de la Plataforma

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09/02/2010 12:43
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El revuelo de los carteles, la tópica y eterna discusión de final de cada invierno, parece haber dejado de lado estos días la "cuestión catalana". Pero la amenaza sigue latente: en apenas un par de meses, en los escaños del Parlament se puede dictar la prohibición de la Fiesta Internacional en aquellas tierras, lo que, como consecuencia inmediata, pondría en duda el propio futuro del espectáculo en el resto de España y del mundo.

Quienes nunca se olvidan de ello son los miembros de la Plataforma para la Defensa de la Fiesta, cuyo trabajo silencioso, pero constante, ha contribuido decididamente a que, a estas alturas, la situación se haya reconducido hacia una más que probable solución positiva para el toreo. Desde que en 2005 recogieran esas más de 600.000 firmas de protesta por la declaración antitaurina de Barcelona y, más tarde, desviaran una dañina votación en Bruselas, Luis Corrales, Paco March, Rosa Gil y otros muchos voluntarios han conseguido crear en Cataluña una rocosa resistencia contra el sinsentido.

El trabajo silencioso, pero constante, de la Plataforma ha contribuido a que la situación en Cataluña se haya reconducido, a estas alturas, hacia una más que probable solución positiva para el toreo" 

Apoyándose en la permanente ayuda de la empresa Balañá -algo que, por discreción, la inmensa mayoría desconoce-, en los golpes de efecto de José Tomás en la Monumental y en la toma de postura de los intelectuales locales más valientes, los miembros de la Plataforma han hecho una gran labor de zapa en todo este tiempo. Las entrevistas que, casi en secreto, han mantenido con cada uno de los parlamentarios catalanes, sin forzar nunca la situación con alardes demagógicos, sino con temple magistral, han sido fundamentales para conseguir que los votos fijos de los antitaurinos (34) sean ya muchos menos que los que se harán en contra de la prohibición (54). Sobre todo desde que el Partido Socialista -con la lucha del infatigable David Pérez- decidió dejar de mirar hacia otro lado.

La decisión final, pues, está en manos de los 48 parlamentarios nacionalistas de Convergencia i Unió. Una buena noticia, paradójicamente, pues los convergentes están tan divididos entre sí por la cuestión, como bien sabe la Plataforma, que no sería de extrañar que se abstuvieran en la votación final de abril o mayo... por no cargar a su partido con la culpa de la polémica prohibición de los toros en su tierra a sólo unos meses de las elecciones autonómicas.

 Aun así, una etapa anterior de este maquiavélico proceso se antoja también de vital importancia para el futuro: el paso por la comisión parlamentaria, a primeros de marzo, de esos quince personajes elegidos por la Plataforma para hablar en favor de la Fiesta. No tanto por reconducir el voto de algunos diputados indecisos -que han de saber que no existe ese consenso social contra los toros que invocan los abolicionistas- sino por establecer definitivamente los argumentos que desmientan las patrañas de los antitaurinos y la falsa historia de los políticos nacionalistas. Y debates como éste son los que la Fiesta necesita porque, parafraseando a Unamuno, siempre fue mejor convencer que vencer.

Decía el otro día Luis Francisco Esplá que los aficionados han trabajado más y mejor que los profesionales en defensa del espectáculo, refiriéndose sin duda a la labor sorda pero machacona de los miembros de esta Plataforma que está a punto de parar algo que parecía inevitable: una puñalada rastrera y fascista, blandiendo cínicamente el cuchillo de la democracia, contra las entrañas del espectáculo más culto del mundo. El toreo, tras varios años de desdén e incluso desprestigio, les deberá entonces un honesto y profundo reconocimiento.

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