![]() |
|---|
De vez en cuando, en esto de los toros, saltan algunas raras noticias que contradicen los tópicos. Y para bien. Por ejemplo, el hecho de que una famosa marca de cervezas (o, por qué no decirlo, la Mahou, que por algo uno es madrileño) haya entrado en la puja por anunciarse en la cartelería de la próxima feria de Sevilla viene a desmentir, por un momento, ese arrastrado sambenito que asegura que las marcas comerciales tienen miedo a relacionarse con nada que tenga que ver con la Fiesta.
Aunque aparentemente intrascendente, es una buena noticia que la mejor cerveza del mundo haya hecho un esfuerzo para ganarle cuota de mercado a la sombra de la Giralda a la omnipresente -y también sabrosa- Cruzcampo, aprovechando precisamente el difundido soporte de las corridas del abono maestrante. Por mucho que algunos "sevillitas", de esos que cada feria maldicen lo que les trae el AVE desde Madrid, se estén mesando sus engominados cabellos, es el mundo del toro el que sale ganando con estos pulsos comerciales. Porque demuestran que su interés social sigue vigente y que todavía hay empresas "sin complejos", como se anunciaba el güisqui DYC, capaces de ver más allá de los estigmas que ha creado esta dictadura de lo políticamente correcto.
Pero, reconozcámoslo, casos como éste son aún muy aislados dentro del panorama publicitario, pues desde hace unas décadas abundan los ejemplos contrarios, siendo el de Osborne el más sangrante de todos, por seguir explotando como imagen de marca, mientras rehúye la Fiesta, el famoso toro convertido ya en icono de lo español.
El de la famosa bodega es idéntico posicionamiento al de una poderosa "caixa" de ahorros que, sotto voce, ha manifestado también estos días su ya sospechado pero claro repudio por el toreo, a través de una paradójica negociación: interrogado sobre el posible patrocinio de una publicación taurina puntual, el director de una sucursal del norte de la península no tuvo reparo alguno en hacer un discreto desembolso para que su oficina figurase entre el resto de los anunciantes de la localidad. Faltaba sólo consultarlo con la central en Barcelona... desde donde recibió la tajante orden de desechar tan "descabellada" idea. Nada que tenga que ver con los toros -ni con la religión, le matizaron- cabe en esta "caixa" tan temerosa de las reacciones antitaurinas.
Respetable decisión, desde luego, pues los responsables de la entidad están en su derecho de mantener la línea publicitaria que más crean conveniente. Claro que asimismo es bueno que el aficionado a los toros y el taurino en general sepan por dónde van los tiros del criterio publicitario de estos señores, porque también nosotros estaríamos en nuestro derecho de no ingresar un solo euro, o de sacar los que ya se hayan depositado, en las sucursales de una caja de ahorros que, subrepticiamente, se posiciona en contra de nuestro espectáculo.
No se trata de hacer demagogia sobre el tema ni de incitar a tontos boicots de pataleta. Pero sí de señalar que cuando el conjunto del toreo, desde la primera figura al último aficionado, haga sentir su fuerza real en la sociedad, situaciones como estas, fomentadas por nuestra propia resignación y pasividad, dejarán de ser noticia. Y de los sangrantes estigmas sólo quedarán las marcas... publicitarias.