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La pantalla enemiga

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10/03/2010 11:00
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No sé ustedes, pero un servidor está hasta el gorro de tanta alerta meteorológica. Amarilla, naranja o roja, da igual. Dichoso invierno. Si no es una ola de frío polar es una “ciclogénesis explosiva”. Qué decir de los pluviómetros. De no ser porque la capacidad de la mayoría de los embalses españoles está a rebosar, sería para cagarse en los muertos de Zeus y Eolo.

El caso es que estoy pasando más tiempo en casa del que mi señora está dispuesta a soportarme. Por no hacer ruido, últimamente recurro a desempolvar libros perdidos por los rincones, releo los dominicales, escucho en el “plato” viejos vinilos, rescato del olvido el VHS y un puñado de películas en blanco y negro, navego por Internet y… enciendo el televisor.

En el pecado llevo la penitencia. Me explico. El pasado fin de semana, sintonicé La 2 de TVE para ver algunos de los partidos de la primera eliminatoria de Copa Davis que los miembros del equipo nacional de tenis –Ferrer, Almagro, Robredo y Granollers- disputaron contra un desconocido combinado suizo. Por cierto, al abrir el plano la cámara dispuesta en uno de los fondos de la cancha, me enteré de que los encuentros se disputaron en la plaza de toros de La Ribera. En Logroño.

En menos de 36 horas la televisión me mostró cuatro plazas de toros y en ninguna de ellas advertí un triste traje de luces"

El hecho de que alguno de los partidos resultara tan descafeinado, me obligó a perderme entre los canales al alcance del mando. Algún día, alguien me explicará las ventajas de la TDT. Me refiero a la calidad de los contenidos y la programación. El caso es que nuevamente creí ver una plaza de toros. Y lo era. Si no me equivoco, la de Colmenar Viejo. Sin embargo, en el ruedo actuaban la líder de El Sueño de Morfeo y Neck, un cantante italiano idolatrado por los directores de las radiofórmulas.

Escarmentado, regresé a La 2 para solventar el devenir de la “Armada española”. Por la noche, volví a caer en la tentación de encender la caja tonta. En un canal temático público repasaban la actualidad semanal. Caía en un plácido sueño, cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid, se hizo presente en la pantalla para demostrar que es imposible ser más inoportuna. Taurinamente hablando.

Por desgracia, doña Espe perpetró un nuevo ejercicio de demagogia, de carroña política, desde los tendidos de Las Ventas. Con la Monumental venteña, iban tres plazas en el mismo día. Para rematar el descanso semanal, el domingo por la noche me enganché a Salvados, un inteligente espacio de La Sexta conducido por Jordi Évole. Disfrutaba del programa, cuando un nefasto personaje, de nombre Josep Anglada -candidato ultraderechista de Plataforma per Catalunya a la alcaldía de Vic- asomó por la televisión pronunciando un discurso en… ¡una plaza de toros¡ Desconozco en cual. Aunque permanecí frente al televisor, mentalmente desconecté.

En menos de 36 horas, las cadenas de televisión me mostraron cuatro plazas de toros y en ninguna de ellas advertí un triste traje de luces ¡Ni un toro¡ Ya en la cama, Morfeo me abrazó mientras me preguntaba hasta cuándo la Fiesta de los toros será un espectáculo proscrito en la pantalla “enemiga”.

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