Les escribo estas líneas desde el paraíso taurino. O eso creo. No, no es que haya estirado la pata –lo siento por mis enemigos, que los tengo aunque no los haya buscado– y dicte esta columna desde el limbo de los dioses de la tauromaquia. Tampoco poseo un “sexto sentido”. Hasta el día de hoy, nunca he visto muertos. Simplemente emborrono la pantalla en blanco de mi ordenador desde Bilbao.
Muchos de ustedes pensarán que mi afirmación, o bien se trata de una bilbainada –una fanfarronada clásica de un “bochero” de Indautxu–, o una broma de mal gusto. Ni lo uno, ni lo otro. Permitan que me explique. Les escribo desde una ciudad dirigida por un alcalde, Iñaki Azkuna, que, por encima de su condición de nacionalista moderado, destaca por su naturaleza “humanista”.
Demócrata ejemplar, bilbaíno de pro e ilustrado por los cuatro costados, recientemente, Azkuna declaró en público, con respecto a nuestra común pasión por la Fiesta de los toros y los “teledirigidos” ataques abolicionistas: “pido prudencia, poca polémica y… a lo nuestro. No hay paz, ni felicidad para los hombres que rechazan la moderación de los deseos y el respeto a la ley”. Reconozcan que las palabras tienen miga.
Estas palabras que he reproducido textualmente, fueron pronunciadas en el transcurso del acto inaugural del centenario del Club Cocherito de Bilbao. La efeméride se celebró en los salones de la Biblioteca de Bidebarrieta, epicentro cultural –en otros tiempos ideológico– de la villa de mis amores.
Por si fuera poco, dicho pregón lo pronunció Ignacio Sánchez Galán, un salmantino de Bilbao, si lo prefieren, un bilbaíno de Salamanca, que preside Iberdrola, una de las cinco mayores empresas eléctricas del mundo por capitalización bursátil, la primera energética española y la líder mundial, se dice pronto, en el uso y explotación de tecnologías limpias y energías renovables. Todo ello, entre una vasta y rica representación de la sociedad vizcaína.
Veinticuatro horas más tarde, en el Salón de Plenos del consistorio bilbaíno, en presencia de todos los integrantes de la corporación municipal, de muy variado “pelaje”, el propio alcalde impuso a nuestro presidente –soy “cocherista”, al igual que devoto de la Virgen de Begoña e incondicional seguidor del Athletic–, Leopoldo Sánchez Gil, la Medalla de Oro de la Villa, la más alta distinción que otorga el Ayuntamiento de Bilbao.
Qué emoción. Imposible contener las lágrimas. Me acordé entonces de mis amigos Paco March, Luis Corrales, David Pérez y tantos otros. Y otras. De cómo han sabido regenerar el discurso de la Fiesta al tiempo presente, de su voluntad de permanencia, de su capacidad de convencer con argumentos. De toda índole. Son y están.
Y un servidor, en medio del paraíso taurino, no pudo evitar acordarse de todos ellos. Con el permiso de los más de 1.400 soci@s que formamos la masa social del “Cochero” –qué injusta fue la Historia de la Tauromaquia con nuestro torero– me permito desde estas líneas brindaros nuestros éxitos… que son vuestros. Va por vosotros amigos. No estáis solos. Ni mucho menos.