La temporada, como el toro, va pidiendo recursos y soluciones sobre la marcha. Y en el plazo corto, por encima de cambios estructurales, pliegos, modelos de gestión, etc..., exige cintura y reflejos a sus últimos responsables. No lo tienen fácil los empresarios, con un verano largo, crítico y denso por delante, pero la pelota está en su tejado y el examen, después del suspenso general en el ruedo, es ahora para ellos. Para los grandes, para los medianos, para los chicos. Para todos.
Aunque mirar al banquillo, visto Madrid, no resulte demasiado alentador, se hace necesario buscar caras nuevas y recurrir a las futbolísticas rotaciones una vez que la gran mayoría de esos titulares indiscutibles a principio de año están ahora en tela de juicio, en la taquilla y en la plaza. Cachés que no atienden a tendidos medio vacíos y cientos de puestos que rellenar en esas ferias de provincia, abren los ojos a una tercera vía. Pero todo en su orden y aplicando ese equilibrio entre osadía, talento y táctica que evite convertir la temporada en una insoportable redifusión de San Isidro haciendo abuso del uso.
Recuerdo que ya se planteó una necesidad parecida hace años, con José Tomás de retiro y sólo Ponce y un Juli en plena metamorfosis para vestir las ferias. Entonces, el 'salto' cogió demasiado tierna a aquella 'segunda fila' y precipitó una generación a la que le costó cicatrizar las heridas que en algunos de sus toreros siguen abiertas.
Ahora, puede que sólo sea cuestión de reflotar la temporada, salvar los muebles y despertar a sus naturales protagonistas, aparcando las empresas el manoseado taco de cromos, ventilando el toreo y abriendo paso a la savia nueva que verdaderamente prefiera pedir perdón antes que pedir permiso.
Carteles baratos hoy, con expectativas razonables a dejar de serlo mañana. Cantera, como solución de urgencia a un mercado único sin posibilidad de enderezar el rumbo a golpe de talonario. Sin perversiones ni "trampas" con ganado morucho.
Lo daríamos por bien empleado si sirviera para tocar en el amor propio a los hasta ahora "intocables", amenazando su posición en una liga cada vez más exclusiva, monótona y aburguesada, con varias "figuras" eludiendo su responsabilidad y borrándose de plazas, ferias y tardes ineludibles en un momento como el actual. Ahí han dejado a El Juli con Pamplona a cuestas... (y tirado en Bilbao).
Por eso no me disgusta San Fermín aunque, de entre los modestos, sobren algunos y falten otros. Pero los carteles de la Feria del Toro, inaceptables hace tres meses, se digieren ahora, pese al lógico escepticismo, con esa media sonrisa del reo al que revisan la condena. Una feria barata y quizá obligada pero oportuna, dando incluso más cancha que otros años a aquellos que claman por ella.
Créanme que no las tengo todas conmigo, pero prefiero desengañarme a quedarme con la duda. Y si los Olivas Soto, los Aguilares (Alberto y Sergio), los Javier Cortés, incluso los Leandros, los Morenitos... se dejan ir el tren para siempre, en el pecado llevarán la penitencia. En último caso, siempre nos queda pedir a los ganaderos que vuelvan a criar el mulo de hace una década. Por aquello de no seguir devastando el escalafón, digo.