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Gracias, Victoriano

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04/06/2010 10:36
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Sea este artículo un homenaje a un ganadero. Un señor que a base de trabajo y defensa de la Fiesta ha hecho callar la boca de todos aquellos que en 2003, en Castellón, estuvimos a punto de enterrar una ganadería. De los que teníamos menos fe que Santo Tomás. Ahora, siete años después, el tiempo ha dado razón a quien la tenía.  Qué gusto da equivocarse por motivos así y entonar el mea culpa.

Con Victoriano del Río no queda otra que quitarse el sombrero. Hay que ser muy inteligente, tener una desbordada afición  y saber mucho de toros para saber situar  en lo más alto del campo bravo a una ganadería que no hace tanto parecía podrida. No se trata de un milagro, sino de saber hacer las cosas con profesionalidad. Fruto de este trabajo ha logrado criar un toro que convence al ganadero, fascina al aficionado e interesa a las ‘figuras’. Aunque a veces se vean desbordadas.

Hay que ser muy inteligente, tener una desbordada afición  y saber mucho de toros para saber situar  en lo más alto del campo bravo a una ganadería que no hace tanto parecía podrida


Descubrirse, por tanto, ante Victoriano. Darle las gracias sin pudor alguno. Cuando uno se emociona viendo a un toro bravo, como ese Pudoroso, todo tiene sentido. Esto es la fiesta, esto es el toreo. Lejos parece quedar ese Beato, con el que Luis Francisco Esplá tocó la gloria que no alcanzó Castella con el quinto Victoriano. Dos toros tan parecidos a la vez que distintos, pero que te hacen una ganadería.

Llegado a este punto, no es justo depreciar todo lo que huela a Domecq. Sólo hay que diferenciar entre los buenos y los malos ganaderos.  Los que crían toros bravos sean del encaste que sea. Pasando por los Atanasios – que ha habido unos cuantos este San Isidro – Saltillo, Santa Coloma o Celestino Cuadri, con su encaste propio. Victoriano tiene la sangre que tiene, aunque a muchos les duela. Y la debe llevar con mucha honra y con la cabeza bien alta. Porque cría toros bravos.

Ese Pudoroso, de buenas hechuras y tocado de pitones, fue un compendio de lo que debe ser un toro. Esa manera de embestir y de empujar con los cuartos traseros será recordada incluso cuando termine la temporada. Bueno sería que los que tienen que votar la ILP antitaurina en Barcelona vieran a un animal galopar durante diez minutos con fiereza, bravura, ímpetu, codicia y también mucha clase.  Ahora, que los insensibles del Prou! vengan a hablarnos del sufrimiento del animal. Qué daño hace el desconocimiento.

Por todo ello, gracias Victoriano. Enhorabuena. Yo seguiré pidiendo que salgan toros bravos. Y que se vayan al desolladero sin las orejas puestas.

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