El negro toro sigue siendo el blanco de esa diarrea verbal con la que mucho mediocre se ensucia y se despacha entrebarreras, casi siempre con una alcachofa delante y el piloto rojo encendido. Y el toro, arrastrado, no tiene voto, ni casi voz ni más derecho a réplica que la embestida derramada.
Pero al contrario, este compulsivo ramalazo exculpatorio es de agradecer en tanto que ayuda a identificarles y despeja dudas, si las hubiere, después de la faena en cuestión. La auténtica madera de figura, la categoría, la grandeza en el ruedo en definitiva (o la ausencia de ella), se descifra muchas veces fuera de él, leyendo entre líneas o directamente leyendo las líneas.
Incluso, resulta significativo observar como toreros manirrotos en el halago al contrincante en tiempos de "vacas gordas", cambian progresivamente el discurso y terminan tacañeando esos piropos cuando la inseguridad le va ganando terreno a la confianza dentro de ellos. El mismo "gran toro" cuando las cosas marchan, "se metía mucho por dentro" cuando se encadena una racha negativa y se pierde el sitio.
Pasa igual en los ganaderos, que no escarban para hacer exhibicionismo de la autocrítica cuando, estando en la cresta de la ola, vienen mal dadas un día y que luego reculan si cambia el viento para siempre. No hay termino medio, "ni orgussho, ni piedad", que parafrasea de boca de su amigo Sabina el "cojonudo" Calamaro, apadrinado estos días por un manto de aficionados en la intemperie de una red fiera, urbanita y progre.
Pero en una primavera espléndida de campo y toros, de muchos y buenos, duele ver a grandes ganaderos con su alma de aficionados secuestrada. Presos en sus emociones, mientras lloran por dentro viendo arrastrar toros sin cuajar, y dosificando la pasión y la declaración por miedo a toreras represalias del más pintado, que ya cualquiera se ofende y te levanta la voz.
Obligados a hacerse disculpar la sinceridad de un desliz, cuando la bravura reciente o la clase de un toro se desagua sin tiempo a contenerla mordiéndose antes la lengua. Obligados a ejercer de fiscales con lo suyo aunque del otro lado no sobren desinteresados abogados de oficio.
Esta condena autoimpuesta, forzada y voluntaria a la vez, ha terminado por hacerse cotidiana y la mayoría de estos grandes ganaderos viven cómodos dentro del corsé de un respeto atemorizado y mal entendido con trasfondo económico, dejando vía libre en el polo opuesto a los que deberían callar y sin embargo aprovechan la mínima para sacar pecho con desahogo por su toro agreste en detrimento de la capacidad del torero de turno, generalmente modesto y sin apenas fuerza.
Aunque me gustaría verlo igual con una figura delante, con el torero de casa por ejemplo, me gustó leer a Eduardo Lozano después de la gran corrida de El Cortijillo en Madrid. Cualquiera diría que el taurino toledano se hubiera soplao medio litro de suero de la verdad antes de meterle la grabadora.
Pero sí, a mí también me habría encantado ver a Morante con ese tercero y, aún valorando la faena de Abellán que superó con creces la expectativa general, también con el cuarto de embestida hispanomexicana. Antes con esa de El Cortijillo que verlo con la de Victoriano del Río y con ese quinto superlativo de bravo, que la mosca sigue posada detrás de la oreja y el maltrecho corazón de aficionado no soportaría otro desengaño.
Pero volviendo a los ganaderos y a ese patológico nadar y guardar la ropa, me viene a la cabeza una sentencia de El Viti, el primer mandamiento: "Amad al toro, que es el que pone a cada uno en su sitio. A toreros, empresarios, apoderados. Hagamos justicia al toro. Discuto con otros compañeros, porque creo que no le damos suficiente reconocimiento al toro. Sin toro no seríamos nada".
¿Acaso la honestidad está reñida con el respeto?. Esa honestidad que, para El Viti y también para otros toreros actuales, no es una virtud sino una obligación. Y vuelvo a Calamaro. Épico por cierto el "manifiesto" de una voz profunda y al límite, quebrada por el sedimento de una vida excesiva. Y remato por Sabina: Quien censure el argumento identitario y "tradicional" utilizado por el rockero argentino para atacar la ILP, envuelto de esa lírica trascendente, de roja pasión, podrá tener razón pero, desde luego, no tiene corazón. A mí me sigue conmoviendo.