Basta con echar un ojo al decreto que regula la Administración Institucional de la Comunidad de Madrid para comprobar las funciones principales del Centro de Asuntos Taurinos: Seguimiento y control de la explotación de Las Ventas, promocionar la Fiesta de los toros en su dimensión social y cultural, el fomento de la Fiesta con especial atención a las nuevas generaciones y afrontar la problemática ganadero - taurina. Dicho en otras palabras y en idioma coloquial: preocuparse del presente y futuro del espectáculo, defendiendo los intereses de cada madrileño que, hasta en épocas de crisis, no está exento de pagar sus impuestos.
Pero una vez más, la realidad vuelve a superar a la ficción y el Centro de Asuntos Taurinos, con Gómez Ballesteros a la cabeza, no es sino un ente invisible más preocupado en salir en la foto - de las peñas, sobre todo - que de defender al que pasa por taquilla. Las declaraciones de José Pedro a Burladero son esclarecedoras. La culpa del cataclismo taurino en los últimos 31 días es de los toreros - que también- y del público. Que ellos y la empresa hacen todo fetén.
Cierto es que Ballesteros no es más que el último eslabón de un Centro que parece desnortado por parte del Gobierno de Esperanza Aguirre, por mucho BIC que se quiera declarar la Fiesta. Pero como Director Gerente es quien tiene que dar la cara y no tirar balones fuera. Y lo hace cuando defiende una feria que ha dado la razón hasta al más pesimista.
Habla José Pedro que ganaderías como Martelilla, Parladé, Marqués de Domecq y Juan Pedro Domecq no habían respondido a las expectativas. ¿Era él el único que tenía esperanzas? ¿Acaso no es responsabilidad del Centro rechazar la presencia de determinados hierros que año tras año no hacen más que fracasar en Madrid? Mucho me temo que el año que viene, no pondrá ninguna objeción en volver a dar el visto bueno a quien en este 2010 ha vuelto a suspender. Toreros de segunda fila incluidos.
Recalca el Director Gerente que "pese a que los carteles del Aniversario eran menos atractivos" los abonados han acudido a la plaza y se han sacado la entrada, olvidándose que San Isidro - da igual el nombre que quieran poner a la última semana - siempre llena. El mismo cartel que en julio sólo llevaría a un cuarto de plaza, cuelga el ‘no hay billetes' en mayo. Cosas de Madrid.
Pero clama más al cielo que José Pedro Gómez Ballesteros se queje de las protestas de un sector de público contra la gestión de Taurodelta y de la Comunidad. Gente "que venimos sufriendo" pese a que son "minoritarios". A eso se le llama darle la vuelta a la tortilla. Quien sufre con resignación y tolera un modelo agotado es a quien usted debe defender. Velar por sus derechos y no esperar la palmadita en la espalda de la empresa de turno. Se llame Toresma o Taurodelta. Porque si es cierto que se cumple a rajatabla el pliego y los resultados son deficitarios, habrá que buscar soluciones. Un nuevo pliego, un nuevo concurso. Y que gane el mejor
Como última recomendación, si me la permite Gómez Ballesteros, que repase el artículo que escribió Paco Aguado sobre el cambio que necesita Madrid. Ahí tiene suficientes razones para entender la necesidad de lograr que San Isidro vuelva a lo que siempre ha sido. No las ferias de las oportunidades. Entenderá las críticas. Y como diría él... aquí paz y después gloria. Y un Centro de Asuntos Taurinos que funcione de verdad.