Cantaba Ismael Serrano, evocando a Martin Niemoeller, que no había derecho a salir con miedo a la calle. La archiconocida frase que luego Bertol Brech puso de moda - "luego vinieron a por mí y no había nadie para defenderme"- no era más que un alegato a vivir en libertad, respetando y siendo respetado. Independientemente de tus creencias, ideologías, religiones, gustos u orientación sexual. En un mundo cada vez más globalizado, cabemos todos. También los taurinos.
No será éste un artículo para explicar por qué me gustan los toros, frente a los ataques feroces que estamos cansados de escuchar. Más bien, mostrar mi apoyo y reconocimiento a todos y cada uno de los aficionados que tienen que justificar una afición a todos los efectos legal. Escuchando auténticas barbaridades y recibiendo amenazas bajo la permisividad de los poderes públicos. Sobre todo en Barcelona.
Viene esto a raíz de la nueva campaña de publicidad puesta en marcha por la empresa de la plaza de toros de Barcelona para promocionar los festejos de julio en La Monumental. Una flota de taxistas valientes han aceptado llevar dentro de sus coches la programación taurina de Barcelona. Carteles pequeños, colocados en el apoyacabezas, y a la vista sólo de los pasajeros. Que el Ayuntamiento ya prohíbe la programación en las marquesinas, no vaya a ser que pierdan un puñado de votos o que los antitaurinos, muy'dignos ellos' , consideren un cartel una provocación y terminen haciéndolo añicos. El cristal, por supuesto.
Los que vivimos a muchos kilómetros de la Ciudad Condal nos imaginamos cómo tiene que ser el día a día de un aficionado en Cataluña. Ya sea de la tierra o un ‘simple xarnego', ciudadano al que se le mira por encima del hombro por no tener RH catalán ni comulgar con el nacionalismo. Afortunadamente, no todos los catalanes son iguales ni todos los antitaurinos son radicales. Pero son éstos los que más se hacen notar. Y los que más daño, físico o verbal, pueden llegar a hacer.
Uno se figura el momento en el que ese taxista, que ha aceptado llevar un cartel de toros, sube en su coche a uno de estos energúmenos. Personas furiosas que tienden a acobardarse cuando no están junto a su rebaño. O que destile tanto odio que, con los ojos inyectados en sangre, responda ‘asesino' a la pregunta de dónde le llevo. No es descabellado pensarlo porque todos los que hemos estado alguna vez en La Monumental hemos sido víctimas de insultos frente al amparo policial. Y domingo tras domingo, los aficionados catalanes dan un ejemplo de lo que es la libertad y la tolerancia, pese a que a ellos se la quieran quitar.
Pero el problema es que esa Barcelona, que presume de progresía, permita que se intente machacar a los que piensan diferente. Imponer tus ideas y creencias porque crees que son las mejores no deja de ser una forma de totalitarismo. Los grupos antitaurinos - lícitos, por supuesto - son también cómplices al no condenar las coacciones y las amenazas que continuamente estamos recibiendo.
Por eso, aún sabiendo que caerá en saco roto, pido a todas las asociaciones antitaurinas que den un paso al frente y aprendan a ser valientes. Que condenen sin tapujos la violencia verbal de sus simpatizantes que lanzan proclamas deseando la muerte de un ser humano, por muy torero que sea. Y que muestren su solidaridad con todos aquellos aficionados o compañeros de la profesión amenazados bajo la bandera del antitaurinismo. No tengan miedo y háganlo sin miedo. No vaya a ser que el día de mañana os quedéis sólos. Y no haya nadie para defenderos.