Una gran mentira. Eso ha sido este monumental paripé montado por los diputados catalanes para abolir las corridas en la que dicen su nación. Por fin nos hemos convencido. Confieso que, al principio, tragué. Porque también lo hicieron allí una serie de personajes bienintencionados que han trabajado duramente desde las catacumbas para evitar lo que hoy ya parece inevitable. Fueron ellos, los más esperanzados, los que daban esperanzas a los demás y transmitían el ánimo de los luchadores de fe... Incautos todos.
A ellos también les ha traicionado esta cínica jugada de los "profesionales" de la política, en este caso catalanes. Una jugada más de quienes se han acostumbrado a especular con las vidas y las ilusiones de la gente, de quienes, incapaces de afrontar los verdaderos problemas de sus votantes, justifican su permanencia en el sillón tocándole los cojones al ciudadano con problemas secundarios e inexistentes.
No se entiende si no cómo, con la crisis que nos atenaza, uno de los temas primordiales del debate político, en agravio e insulto insolidario para el resto del "Estado", sea una frasecita y unos cuantos artículos del famoso Estatut. Lamentablemente, los taurinos hemos tenido la mala suerte de que la votación de la ILP antitaurina en el Parlament coincida en el tiempo con la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el texto catalanista. Porque vamos a pagar los platos rotos del disgusto de los vividores del nacionalismo.
En ese contexto hay que entender el bandazo del PSC, dejando ahora libertad de voto a sus diputados y con el culo al aire al vilipendiado David Pérez, convertido desde ya en el chivo expiatorio del asunto, en el traidor a la causa, en la gran decepción de los taurinos... Aunque, pensándolo mejor, tal vez haya que considerarle, simplemente, como el pelele de este juego de trileros a la sombra de la senyera: la bolita que ha ido de cubilete en cubilete, de utilizador a utilizado.
Mejor sería apuntar más alto a la hora de señalar culpables, y buscar la esfinge del Honorable, la de ese "Josep" Montilla que llegó desde Córdoba para traicionar sus ideas y sus raíces en pos del poder partido en tres de ese patio de catetos en que quieren convertir la siempre abierta y moderna Cataluña. Por el poder, por el sillón, por la permanencia en el machito de esta política mediocre, ya ven, bien se pueden romper las fotos en la barrera de la Monumental. Pero no olvidar nunca que algún día miles de sus necesitados paisanos andaluces, como miles de extremeños, de murcianos, de aragoneses fueron los que hicieron próspera y rica esa tierra que algunos privilegiados dicen que ya no es España.
Española o no, esa tierra es ahora un campo minado de mentiras, como las del debate de esta ILP que condenará para siempre a la Fiesta, que hará de aficionados y profesionales unos apestados de la catalanidad. Un aluvión de mentiras en la política y en la prensa, como las del tonto útil que, sabiéndolo o no, ha ejercido de quintacolumnista de la abolición en las páginas de El País. Mentiras que acabarán costándole caras al propio ciudadano catalán, que pagará de su bolsillo las indemnizaciones de la caprichosa y arbitraria prohibición de unos políticos regionales acostumbrados a despilfarrar, cuando no a robar -Palau de la Música, Santa Coloma, Badalona...--, en el aquelarre del clientelismo autonómico.
Mentira. Y cinismo. Como el de Anselmi, como el de Mosterín, como el de Portabella, al que un día de estos habrá que explicarle, ya que nadie lo hace, el asunto ese de las subvenciones que asegura que "sostienen" la Fiesta. Mentiras menores, indirectas, medias verdades. De políticos, de periodistas, de filósofos, de veganos. Al servicio todas de esa Cataluña una, gran i lliure en la que el toreo ha sido por enésima vez utilizado como objeto de cambio, convertido una vez más en víctima de los efectos colaterales de luchas ajenas.
Reconozcámoslo: la batalla de Barcelona ya se ha perdido. Pero sólo es el principio de la gran guerra que está por llegar. Mientras la Mesa del Toro mira para otro lado, ¿hay alguien en el toreo dispuesto de verdad a ir a las barricadas?