Ando releyéndome estos días 'La Metamorfosis' de Kafka. Un libro magistral que produce una terrible angustia que sólo un genio como Franz fue capaz de plasmar. Una novela que narra la historia de Gregorio Samsa, un comerciante que de la noche a la mañana amanece convertido en un insecto gigante - mi imaginación simula una cucaracha - para acabar recluido en su habitación. Repudiado por su propia familia, que pasa de la angustia inicial a vivir la situación como algo cotidiano, recobrando la alegría cuando se produce un fatal desenlace. Como si nada hubiese pasado
Quien haya leído esta obra, sabrá lo que digo. Quien no lo haya hecho, ya está tardando, si me permiten el consejo. Cada una de sus páginas refleja esa inquietud interna que caracteriza a la literatura ‘kafkiana', aquella que se refiere a las situaciones que carecen de sentido y que resultan ciertamente peligrosas, con un carácter trágicamente absurdo.
Volviendo a leer La Metamorfosis se me viene a la mente todo lo ocurrido estos últimos nueve días tras la prohibición de los toros en Cataluña. Esa congoja que me provoca Gregorio, convertido en un terrible insecto, es la misma que tengo cada vez que veo la respuesta inmediata del toreo - y lo que no es el toreo- a la prohibición.
No se trata de ser pesimista para ver que todo esto parece kafkiano. Me indigno cuando veo que un periódico como El País titula que la mayoría de los españoles rechaza los toros cuando la verdad es que sólo una minoría lo prohibiría. Pero peor resulta que ningún estamento haya pedido una rectificación de un mensaje que ha terminando calando en la población. Pregunten por la calle.
Tampoco me tranquiliza la presunta reunión que mantuvieron el pasado viernes tres figuras y tres apoderados en un restaurante de Madrid. En el pecado llevarán la penitencia de no haber hecho nada hasta ahora. Vale. Pero hagamos bien las cosas. Este miércoles, sin ir más lejos, ninguna figura toreaba. ¿No hubiera sido más eficaz haber logrado reunir a los principales estamentos del toreo para analizar en profundidad la situación? Una convocatoria sin canapés pero con papel y boli. Han tenido una semana para prepararlo.Es necesario
De ahí, podrían haber salido nuevas propuestas, como la necesidad de gastarse el dinero en marketing y publicidad. De hablar con los partidos políticos y con el Defensor del Pueblo. De la obligación de dar a conocer con datos concretos la cantidad que mueve el toreo en toda España. Promover el recurso de inconstitucionalidad. Crear un órgano que aglutine a todos. Pero no.
Mucho hay que trabajar para recuperar el espacio mediático que han ido ganando los antitaurinos. Madrid, Mallorca, Galicia, Asturias, El País Vasco y Andalucía son sus próximos objetivos. Sabemos que fracasaran a corto plazo, pero habrán plantado la semilla de la duda. Porque ellos hacen mucho ruido y el toreo no está en la calle. Ahí radica otro problema. Los toreros tampoco están logrando dar que hablar con su espada y su muleta.
Era Kafka quien se sentía como el extraño más extraño entre su propia familia. Nosotros corremos el riesgo de acabar sintiéndonos así entre los españoles que no entienden el toreo. O despertarnos una mañana después de un sueño intranquilo convertidos en un monstruoso insecto creyendo que todo es una pesadilla. Eso ya sería peor.