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Dañar la imagen de la Fiesta

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13/08/2010 10:19
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Todavía colea lo sucedido el pasado domingo en El Puerto de Santa María. Lo ocurrido hace cinco días es una de las noticias negativas del mes y de la temporada... que invita a hacer muchas lecturas y no precisamente positivas. Se han comentado demasiadas cosas y desde dentro del taurinismo más recalcitrante se ha querido señalar al presidente Sestelo como un hombre autoritario, acusándole de actuar de forma arbitraria.

Sin embargo, la situación tiene un trasfondo que se debe tener en cuenta. Dos figurones del toreo y un aspirante a ello con más exigencias que ninguno de los otros dos, acuden a El Puerto con sus toros bajo el brazo para amenazar con quedarse en el hotel si no cumplen con sus exigencias. Antes, los ‘Zalduendos' habían sido rechazados por su baja presentación para una plaza que en los últimos años ha ido subiendo el listón ganadero. Decisión de los veterinarios con el apoyo del presidente. Una situación rara avis. Generalmente, los que se suben al palco prefieren lavarse las manos para evitar situaciones comprometidas.

Es cierto que mantener bajo el anonimato los toros rechazados no ayuda a aclarar los hechos. Pero no deja de ser casual que los líos en los corrales vengan casi siempre con los mismos toreros... o más bien con los mismos apoderados. Actuaciones e imposiciones que hacen más daño que 180.000 firmas para cualquier ILP. Porque dañan los cimientos del toreo.

No deja de ser casual que los líos en los corrales vengan casi siempre con los mismos toreros... o más bien con los mismos apoderados. Actuaciones que hacen más daño que cualquier ILP

El problema surge no por un problema puntual, sino porque planee la sombra de la duda. Esta misma temporada se suspendió la corrida en Jaén por problemas con los toros a lidiar. Con Cayetano en el cartel y con Curro Vázquez como apoderado. A la memoria vienen los líos de Vitoria de 2008, cuando la empresa Vitauri acusó al menor de los Rivera de acudir "con unas exigencias con los toros que no estábamos dispuestos a aceptar". Ya son demasiados indicios.

Pero más flagrante resulta que entre todo este escándalo aparezca el figurón que ha marcado la última década del toreo. Tampoco es la primera vez. No hay duda de que El Juli puede con cualquier tipo de toro en la plaza que sea. Por eso sería conveniente que, como torerazo que es, vigilara más las ganaderías con las que se anuncia. Para eso debe estar también Roberto Domínguez. Que nadie pueda decirles nunca nada. Y si se da el caso de que son otros compañeros quienes imponen determinados toros, ser capaz de dar el golpe sobre la mesa y decir "aquí mando yo".

Llegada a esta situación, no ayudan las nefastas declaraciones según las cuales "toreamos para evitar males mayores y dañar la imagen de la Fiesta". Lo que de verdad perjudica es ver a las figuras torear determinados tipos de toros, transmitiendo la sensación de que cualquiera podría hacer lo que ellos hacen. Eso ha ocurrido varias veces esta temporada. Y eso sí que daña. 

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