Visto dónde nos ha traído el ninguneo a "los cuatro gatos" con el que se había despachado tradicionalmente a los "ismos" de la ecología y los animales, y visto también que ni la enraizada tradición taurina de otras partes de España previene de un vaivén político ni de formar parte de ese tráfico de intereses con el que la casta parlamentaria se blinda igual que el toro ensogat, se hace necesario que hasta tipos tan brillantes como Santi Ortiz tengan que disimularse.
Aparcar la excelencia, el nivel y el verbo trascendente, para volver al perogrullo, citar de frente y encontrarle la altura a la propaganda del viperino Mosterín, empático con la fauna y la flora y aparentemente inmune al sufrimiento humano de Luis Mariscal y otros pocos toreros este año. Hablar para necios. O dar la cara y no la espalda a la indecente "animalada" reciente de los antitaurinos vascos, con el plumero a la vista, instalados en la ambigüedad y bordeando la condescendencia, y algo más, con la banda asesina.
Sólo queda esperar que los poros de las grandes redacciones permanezcan igual de abiertos al furibundo ataque como a la contundente defensa, porque no estaría de más pelear para que esa innegable publicidad no les salga gratis, dar réplica y no permitir que se siga abusando de la buena fe de la masa no aficionada.
Por todo, se le adivina más futuro a la "alternativa" de Santi Ortiz que al anclaje jurídico, obligado pero incompleto y cortoplacista, al que se aferran como panacea los nuevos gurús del "derecho taurino". Sujetos a esas leyes que hacen pero también deshacen los políticos, podríamos terminar de la misma forma en el sindicato de matarifes o incluso en el código penal, como anhela un rebaño de malparidos. ¿Alguien pone la mano en el fuego?. Relegada queda, de momento, la tarea divulgativa, la remitificación del toreo, el porvenir y la siembra. Mientras el "spam" antitaurino no encuentre resistencia, el amarre legal será pan para hoy.
De haber asumido como propio ese tópico de entrenadores y futbolistas, el "no hay rival pequeño", el cerco que ahora se ciñe sobre el toreo se habría despejado con la eficacia y la solvencia propias de un experimentado central italiano. Pero, aunque le pese al club de fans de Islero en Internet, confío en que cese ese chorro de sangre de aquí a octubre, el de mis semejantes digo, y amanezca la lírica del toreo. En todo caso, la épica de la competición debe regresar en Vista Alegre en lo que será un reposado debate de ocho días sobre el estado de una temporada venida arriba. Y un respiro. Desviar una semana el debate antitaurino y reabrir el genuino, el taurino, soterrado desde hace tiempo por pura necesidad, será algo así como un saludable espejismo de normalidad. Bilbao siempre es oportuno.