Resuenan todavía los ecos de la faena de Morante de la Puebla en Cantalejo, con Miguel Ángel Perera de testigo. El sevillano se inspiró en esta plaza segoviana para hacer, según dicen, una de las faenas de su temporada. En esta misma semana, El Juli y Perera se ‘batían' junto a El Fandi en Herrera del Duque. El domingo, Perera y Talavante harán lo propio en Villanueva del Fresno, en Badajoz, y dentro de unas semanas Enrique Ponce, Sebastián Castella y Cayetano deberán concienciarse para torear juntos en Almodóvar del Campo.
Basta con mirar por encima la cartelería para ver que cada vez son más comunes los ‘bolos' de las figuras en plena campaña. Corridas sin ningún tipo de aliciente ni para el aficionado ni para el torero, que de esta manera logra subir puestos en el escalafón por unos honorarios muy por debajo de su caché real. Con toros muy a modo, se suceden los triunfos y las orejas a tutiplén. Por no hablar de los indultos. Más despojos que otras cosas.
Porque, no nos engañemos, la presencia de estos toreros en las ferias de los pueblos tiene un hándicap más negativo que positivo. No se entiende como determinadas figuras se prestan a torear corridas con halo a festival, casi siempre sin ser capaces de llegar a los tres cuartos de aforo.
Habrá quien me reproche que es una forma de despejar la mente en plena temporada a la vez que se captan nuevos aficionados. Lo dudo. Hace poco, un torero como El Juli, se anunció en el mismo día en Roquetas de Mar y Atarfe. Sin ninguna necesidad, la furgoneta sirvió como vestuario para cambiarse de traje. Con cosas así, el aficionado tenderá a olvidarse que el crear una obra de arte es algo excepcional y poco común. Y por no dar importancia a lo que se hace delante el toro, el torero ha perdido ante la sociedad la categoría de héroe. Por cosas así, dentro de unos años nos podemos arrepentir.
Seguramente nada de esto ocurriría si en los enfrentamientos de verdad, hubiese más y rivalidad y menos abrazos en el patio de cuadrillas. Menos mal que mañana ya comienza la selectividad de Bilbao, donde solamente El Juli y Manzanares llegan con los deberes hechos. Los demás ya pueden apretar.