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Joselito, una excepcional excepción

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25/08/2010 10:24
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Le van bien las cosas a Joselito. Buena cosa. Saben los ganaderos como nadie que no es llegar sino mantenerse pero, por encima del resultado inmediato o duradero, triunfa la idea inamovible y terca de quien sabe lo que busca y lo encuentra antes que el que bracea entre la pasión y la merca. La moda de los dos hierros, de la separata entre procedencias  y comportamientos antagónicos, entre el negocio y el goce, el "vicio" y la renta. En Talavera tanto monta, monta tanto, El Tajo como La Reina. Quijote y Sancho son la misma persona.

Sabrán Joselito y su padre si les han plantado encima la lupa de los recelos interesados (los que pagó Gallardo y sus fuenteymbros el día que se paró la primera corrida) de los que sienten amenazada su tostada y desean cobrarse una novatada en la que han creído sólo los hermanos Chopera, o han creído primero y mejor. Pero la aventura no tiene pinta de ser flor de un día por culpa de un tozudo afán por canalizar la movilidad en bravura. Buscar la clase desbordante, superar la casta y la agresividad primaria sin fondo ni forma, pese a la desigual y 'curroavazcada' corrida de ayer en Bilbao, que posiblemente no fue la de San Sebastián pero que la hubiera firmado anteayer el ganadero. Y casi todos. Pero hay diamante que pulir. Faltaría más.

El Joselito en activo hubiera mantenido a sus veedores bien lejos de las fincas de El Tajo y La Reina, pero supo llegar, quedarse e irse. Un tío "raro" éste

Se sale de la norma José Miguel Arroyo porque la atravesó siempre. Como matador, acabó de atornillar al toreo a esa penúltima generación de aficionados que rondamos la treintena por arriba o por abajo y mantuvo el tipo de la Fiesta en aquellos revueltos años noventa del "show business" y la lencería cayendo al ruedo. Torero de toreros, de incondicionales y de aficionados, callo de empresarios.

Ahora, con el "peligroso" gusanillo muerto y enterrado, se monta encima del razonable prejuicio del torero/ganadero criando a la distancia, desde el tendido. A buen seguro, el Joselito en activo hubiera mantenido a sus veedores bien lejos de las fincas de El Tajo y La Reina, pero supo llegar, quedarse e irse. Un tío "raro" éste, siempre "mal" colocado en un mercado donde las macedonias de intereses no son una tara sino una virtud cotizada, donde la incompatibilidad es un concepto positivo.

Felizmente reubicado en el campo, a Joselito no se le quiebra la voz al confesar abiertamente su debilidad y su compromiso por el toro bravo. El que avisa no es traidor. Y Joselito fue todo menos eso, ni con él, ni con el que acudía a verle ni con el que ahora apuesta con sus toros. Una excepcional excepción.

dhernanz@burladero.com

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