Sebastián Castella afrontaba esta temporada como lo que era, una auténtica reválida. Lejos queda ya ese 2009 en el que terminó en los primeros puestos del pelotón o esa temporada americana con una faena en México que hizo presagiar grandísimas cosas. Era este un año para consagrarse en el ruedo pero al francés parece haberle podido la ansiedad, esa que ya le afectó en el pasado y que hace que sus campañas sean demasiado irregulares.
Menos de un mes le queda al de Béziers para terminar en España y ni este tramo de temporada le servirá para recuperar posiciones. En el toreo, y en la vida, si importantes son los inicios, mucho más son los finales. Pero con la decisión de concluir en la feria de Nîmes, su nombre dejará de sonar en los últimos ‘puertos' de Logroño, Sevilla, Madrid, Zaragoza y Barcelona. Que por cierto, menudos carteles se ha marcado Toño Matilla por La Libertad. De mediocres, se entiende.
Pese a todo, bienvenido sea el parón precipitado si sirve para recuperar al torero, que cada vez recuerda más al de hace tres años cuando una anemia ferropénica le obligó a irse antes de tiempo. Sebastián, al igual que otros compañeros que no han terminado de disparar, tampoco ha conseguido seguir el ritmo de ese trío compuesto por El Juli, Morante de la Puebla y José María Manzanares. Tres toreros que este viernes medirán sus fuerzas en Bilbao y el 26 de septiembre en Sevilla. Eso sí son finales.
Objetiva y subjetivamente, este año no ha sido de Castella. Y eso que ha habido tardes en las que ha estado al filo de la navaja y en las que sí tiró la moneda al aire. Faenas de valor como las de Málaga, Santander o Pamplona, en las que volvió por sus cauces con esos arrimones que asustan al miedo. Sin embargo, no ha habido esa faena rotunda, de toreo roto y por abajo, ligando seis muletazos con el de pecho. Lo que emociona.
No se entienda esto como una crítica destructiva hacia Sebastián sino como una desilusión hacia un torero con muchísimas más posibilidades y del que se espera mucho más. En el encuentro digital que mantuvo con los lectores de Burladero, fue el propio diestro quien confesó que ese toreo de cercanías era lo que de verdad le hacía feliz y le llenaba por dentro. Aunque, visto lo visto, no parece que le haya llevado por el camino del éxito.
Viene esto a raíz de su última actuación en Bilbao, donde un bravo animal de El Tajo se impuso con autoridad a un torero con las ideas muy embarulladas. No ha sido la única vez que le ha ocurrido en los últimos meses, donde le han embestido muchísimos toros que, de haberlos cuajado, le habrían permitido consagrarse como figurón. A bote pronto vienen a la memoria los toros de El Ventorrillo y El Pilar en Sevilla; El Puerto y Victoriano en Madrid; Cuvillo y El Tajo en Bilbao; Garcigrande en San Sebastián o Victoriano en Valencia. Toros de primera en plazas de primera para reventar la temporada. No lo ha conseguido. Confiemos en que lo haga en 2011.