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Montilla, otro discípulo cobarde de Mosterín

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03/09/2010 10:08
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Aunque le ha costado lo suyo, José Montilla ha terminado por quitarse la careta. El Presidente de la Generalitat ha pasado de ser un aficionado a convertirse en un discípulo del cobarde Mosterín, escondido en su madriguera ante el reto que le lanzó Santi Ortiz. Hay que ver lo que hace el poder. Una bajada de pantalones ante el independentismo más rancio y casposo para conseguir un puñado de votos.

La Ley 28/2010 que prohíbe los toros en Cataluña, publicada en Boletín Oficial del Estado y de la que ayer nos hicimos eco en Burladero , es todo un insulto a la inteligencia. Al cordobés, ahora más catalán que nadie, no le tiembla el pulso a la hora de firmar una ley con argumentos totalmente subjetivos y tendenciosos. Llenos de mentiras. Ya lo dijo Abraham Lincoln. Hay momentos en la vida de todo político, en que lo mejor que puede hacer es no despegar los labios. Y eso que no conocía a Montilla.

Pero Montilla es así. Capaz de ser la única persona en firmar un documento en el que se diga que los toros causan un impacto emocional en los niños, pese a carecer de cualquier estudio que lo verifique

Lejos de limitarse a dar a conocer el texto legal de la abolición de las corridas en Cataluña, el President ha dado su consentimiento a un preámbulo en el que se califican los toros como un espectáculo "violento y nocivo para los niños", amén de equiparar a los hombres con los animales. Una barbaridad tras otra.

Este desprecio al aficionado no deja de ser la puntilla final a todo lo ocurrido meses atrás. Pero más doloroso resulta que, a la vez que se redactaba esta ley, su mismo Gobierno miraba hacia otro lado cuando en el barrio de Gracia de Barcelona -nido de votos del PSC- se anunciaba un acto de bienvenida a una colaboradora de ETA. Ahí nadie osó hablar de violencia. Y de prohibir el acto, nada de nada. Hasta que intervino la Justicia.

Parece preocupado Montilla en lo que cuesta la Fiesta a las arcas públicas catalanas. Desde aquí se lo decimos. Nada. Tranquilo, José, que Barcelona no recibe subvenciones. Por eso no estaría de más que explicara a su país -como así define la Ley a Cataluña- que todos y cada uno de sus ciudadanos deberá pagar más de 50 euros por daños y perjuicios. Sea valiente y dígaselo a los 555.894 parados que está dejando su gestión. Pero no se le ocurra echar la culpa a los toros de que Cataluña lidere el aumento del paro en este mes de agosto.

Pero Montilla es así. Capaz de ser la única persona en firmar un documento en el que se diga que los toros causan un impacto emocional en los niños, pese a carecer de cualquier estudio que lo verifique. Eso es mentir. De la misma manera que lo hizo cuando aseguró que no quería que se prohibieran los toros en Cataluña. El tiempo pone a cada uno en su sitio. Y a Montilla le queda muy poco en la Generalitat.

ccrespo@burladero.com

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