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OPINIÓN CASTILLOS EN LA ARENA

Las barbas a remojo

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17/06/2010 11:15
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Como cada día, el martes desayuné rodeado de las principales tribunas escritas de este bendito país. España para más señas. La huelga general prevista para el 29-S, la exigencia europea de un mayor recorte del gasto público en 2011 y el debut de la selección nacional en el Mundial de Sudáfrica coparon las portadas de los diarios. Sin embargo, los titulares que aludían a la prohibición del burka y nigab y a la futura Ley de Libertad Religiosa -papá Estado avanza con paso firme hacia la laicidad- llamaron poderosamente mi atención.

Respecto de la "regulación nacional del burka", simplemente anotar que el ministro de Justicia, Francisco Caamaño, declaró abordarla por motivos de seguridad y con el objeto de preservar la dignidad de las mujeres y de "ordenar con carácter general" el desconcierto originado por los ayuntamientos -en su mayoría catalanes- que han decretado por su cuenta la prohibición de la citada prenda.

Superada la tentación de ahondar en el afán coercitivo de la clase política catalana del siglo XXI -los aficionados a la Fiesta de los toros podríamos hablar largo y tendido de su condición abolicionista-, al margen de que, en términos de ecuanimidad, si lo prefieren neutralidad, no me perezca oportuno prohibir específicamente un determinado tipo de prendas -y otras no-, soy plenamente consciente de que esta tribuna no es la apropiada para abordar el asunto en cuestión.

ZP puede que termine impidiendo a nuestros toreros, de oro y plata, exhibir en sus capotes de paseo la imaginaría a la que invocan protección divina. O santigüarse

Sin embargo, dice el refranero popular que "cuando las barbas de tu vecino veas pelar...". Puesto a poner en remojo, me pregunto si el Gobierno -descabezado por ZP- se valdrá de la Ley para, en un futuro no tan lejano, meter mano también a los cristianos católicos apostólicos y romanos, entre los cuales me encuentro por decisión propia.El mismo "ejecutivo" que ha consentido el destierro de la retransmisión de corridas de toros de la parrilla de la televisión pública y que hace la vista gorda a la teledirigida propagación de Iniciativas Legislativas Populares abolicionistas y "antitaurinas" -lo del tabaco lo dejo para otro día-, puede que termine impidiendo a nuestros toreros, de oro y plata, exhibir en sus capotes de paseo la imaginaría a la que invocan protección divina.


Y los Cristos y Vírgenes que últimamente proliferan entre los corbatines. Y las imágenes religiosas que adornan los vasos de plata. Liada la manta a la cabeza, puede que los legisladores socialistas pretendan clausurar las capillas -y confinar a los capellanes- de las plazas de toros de propiedad pública. Dicho sea de paso, la gran mayoría. Y obligar a los delegados gubernativos a amonestar a los profesionales que se santigüen mostrando públicamente su credo. Hasta ahí podríamos llegar.

Por fortuna, las mencionadas e "hipotéticas" medidas legislativas no son más que un místico y delirante castillo en la arena de quien escribe estas líneas. Por el momento. Porque ya se sabe que la realidad siempre termina superando a la ficción. Máxime si ZP continúa desgobernando la nave. Tiempo al tiempo.

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Alfredo Casas
BILBAO 1971
Periodista
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