Mucho se ha hablado de Morante estos días. Su reaparición en Vistalegre tras más de ocho meses de ausencia en ruedos españoles ha devuelto a la palestra de la actualidad al sevillano. Se le esperaba y se le espera. Prueba de ello fue la procesión de fieles que arrastró tras su estela el viernes a Carabanchel. Todos concienciados con la causa morantista y con el órdago lanzado por el de La Puebla a las empresas este año. Veinticinco tardes al dinero de las cincuenta o sesenta de temporadas anteriores.
Por todo ello, había que llenar Vistalegre. Ese debía ser el primer objetivo de Morante. Es el único idioma que los empresarios, insensibles o lo que ustedes quieran, entienden. Ni de días laborables, ni de días festivos entienden tampoco las empresas. También son días laborables y también a las siete los festejos de San Isidro y Aniversario. Y la plaza se llena. Los tres cuartos de plaza, no le sirven este año ni a Morante ni a Sánchez Benito. No ganan la guerra.
Morante es un torero distinto. Un genio, un privilegiado de ésto. Distinto es su toreo y distinta su personalidad, indomable. Quizá todo ello le lanzó a donde ahora se encuentra. La difícil encrucijada de defender una categoría que, con la amplia baraja de toreros con interés que este año compiten con él, se le pueda volver en contra.
No es Morante el primer caso, a otros muchos ya les tiraron a dar cuando quisieron defender lo que creían era suyo. Valencia, Jerez y se habla de Granada y Córdoba han dado la espalda a las pretensiones del torero de La Puebla en el que probablemente sea el inicio de temporada más duro de su carrera.
El órdago de Morante este año tiene también reveladores tintes tomasistas. Pocas corridas, mucho dinero. Vender cada tarde como un verdadero acontecimiento anunció el propio diestro en rueda de prensa. El cartel de Vistalegre era un intento de demostración de fuerza taquillera similar a la del de Galapagar en las ferias donde se ha anunciado. Tomás y dos más. Morante y El Pana. Sin embargo, se le fue la mano en la elección del compañero al de La Puebla y a punto estuvo de verse inmerso en el esperpento que acompaña en sus actuaciones al veterano diestro azteca.
Hoy por hoy, Morante y José Tomás son toreros distintos, sobre todo en capacidad de convocatoria. Morante necesita como el comer hablar en la plaza. De forma contundente, sin medias tintas. Lo de Vistalegre no fue suficiente. No le valió a Morante, que tuvo incluso que regalar el sobrero.
Antes de Sevilla, su primera gran feria, tiene por delante Madrid en Resurrección. De esas cinco o seis corridas contratadas en las dos plazas pende, como ya apuntara con tino Paula el año pasado, el órdago y los dineros de toda la temporada. Serán los cimientos del año. La casa no conviene empezarla por el tejado.