Sin haber quemado aún la última traca el próximo domingo con la segunda tarde en Madrid de José Tomás, da la sensación de que el espectáculo taurino ha perdido veinte años en apenas tres días. Rejuvenecida, durante estos días la Fiesta ha sido patrimonio de todos. Ha recuperado la calle y, con más fuerza que nunca, todos la han sentido suya. Jóvenes, mayores, aficionados, neófitos, curiosos. Todos hablaban de José Tomás. Todos hablaban de toros. Sin pudor, sin rubor. Orgullosos.
Mucho ha colaborado a ello la gran difusión y espacio que los medios de comunicación han dedicado, fundamentalmente, al regreso y gran triunfo de José Tomás a Madrid, pero la corriente es ahora favorable y no conviene dejarla escapar aunque, como casi siempre, proliferen cenizos y catastrofistas. Por ejemplo, los que antes de la corrida del viernes pretendían restar legitimidad al efecto Tomás asegurando que tras la proeza del madrileño nadie echaría cuentas a cuanto hicieran El Cid, Perera y Talavante. Calladitos estarían más guapos.
El faenón de Perera, uno de los más rotundos, puros, rotos y perfectos de los últimos años en Madrid, tiene también un capital efecto a nivel estratégico. Un día después, Tomás encontraba replica con similares argumentos. No estaba sólo. Los hubo también que quisieron enfrentarlos y demeritar la tarde de uno en función del otro y viceversa en lugar de hacerlos complementarios y buscar la competencia futura.
¿Se imaginan un mano a mano José Tomás-Perera con una corrida garantías el 21 de junio en Las Ventas?. Nosotros tampoco, y no precisamente por la negativa de los toreros a aceptar el envite. Se precisan, ahora más que nunca, de taurinos aficionados. Empresarios con ilusión y dispuestos a sembrar para recoger a medio-largo plazo. Ellos son también los que no deben dejar escapar esta oportunidad única de devolver la Fiesta al lugar que tradicionalmente ha ocupado.
Lo ocurrido en apenas tres días en Madrid, con tres Puertas Grandes consecutivas, redime una Feria de San Isidro para el olvido. El nuevo invento de la Feria Aniversario amenaza seriamente San Isidro. No tanto económica sino artísticamente. Veinticinco tardes cotra seis. Cantidad frente a calidad.
La responsabilidad no es tanta de la empresa sino de alguna asociación de aficionados que pidieron la reducción del abono y de los responsables de la CAM que decidieron recoger la petición en el Pliego. Hecha la ley, hecha la trampa dicen. La empresa sacó de la feria carteles que, de otra forma, habrían entrado en San Isidro y el abono, si no cautivo, tampoco es ahora libre al supeditar la entrada segura para el Aniversario a comprar el paquete de San Isidro. Sería una pena que San Isidro perdiera progresivamente su fuerza como trampolín y calibre del toreo. Sin embargo, Madrid sigue siendo Madrid y, por unos días, la ciudad y el país entero respira toros. La Fiesta recupera la calle. Vuelven los 60.