El primer día de comparecencias en el Parlamento catalán, además de extenso, que con ello contábamos, se ha hecho pesado y previsible, casi insufrible. Una tortura. Casi ocho machaconas horas, en las que dio tiempo hasta para alguna escenita cómica que evidenció el esperpento de esa absurda batalla lingüística/identitaria, con Joselito quejándose por no entender ni papa.
Más allá de aquello, ni los pro-taurinos ni los antitaurinos han dejado sorpresa alguna. Más de lo mismo, por uno y otro lado, con la diferencia habitual de esa grosería, demagogia y agresividad en el discurso de la postura abolicionista, que contó hasta con fuegos artificiales en la 'exposición' de banderillas, divisa y estoque. Cómo se las ingeniería el tipo en cuestión para pasar el arco de seguridad...
Pero ni Joselito, que invitaba a la esperanza dentro de una jornada que se preveía espesa, ha encandilado. La ecología, la libertad, la utilidad del toro de lidia, la tradición cultural... han centrado la defensa 'taurina', con la interesante excepción de Gómez Pin, que por desgracia llegó al final, cuando el día pesaba como una losa. Frente a esta mesura, quizá excesiva, la jornada en el Parlament ha estado marcada por las salidas de tono que, por conocidas, pierden buena parte de su ofensa.
De nuevo, el radicalismo antitaurino ha dado los titulares. Exabruptos e insultos que han podido seguir en el online que desde las 10 de la mañana ha ofrecido Burladero y que da pereza reproducir ahora.
Entre todos ellos, no han faltado las meteduras de pata y la ignorancia que, si no determinante, sí resulta significativa del desconocimiento que subyace detrás de un ideario populachero y de superficie. Confundir la garrocha con la puya, entre algunas otras perlas, adornaron los postulados antis.
En cualquier caso, si identificamos el reciente movimiento antitaurino catalán con una corriente antiespañolista, no hubiera estado de más presentar como ponentes a los aficionados de distintos puntos del planeta, por eso de darle universalidad y amplitud de miras al asunto. Ahí están los Clubes Taurinos de Milán, Londres, Nueva York o Chicago, por citar algunos.
Los que ni estaban ni se les espera, son el grueso de figuras del toreo arropando en primera línea a sus compañeros, ni empresarios, ni los ganaderos, ni la Mesa del Toro... ni gaitas. Allá se las compongan, dirán. Eso sí, luego mucha gala, mucho foro, mucha unión, mucha foto y muchas leches. Mañana más.