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OPINIÓN EN EL SITIO

El tiro por la culata

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09/03/2010 11:53
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Han pasado ya unos días de las primeras comparecencias de protaurinos y antitaurinos en el Parlament de Cataluña y, visto lo visto, las sensaciones y las conclusiones parecen más que positivas para nuestra causa.

En las distintas argumentaciones, los partidarios de la Fiesta han mantenido un tono tranquilo, moderado y civilizado, desoyendo a quienes proponían una intervención en el foro político prácticamente armada, al estilo de Tejero. El guardia civil, digo, no el banderillero. En cambio, esa agresividad que algunos esperaban de los taurinos es la que ha dominado la mayoría de los discursos de los abolicionistas, a los que ha bastado con dejarles el micrófono para que revelen, descarnadamente, el verdadero fondo de sus intenciones y de sus sentimientos.

No sé lo que pensarán los diputados de Convergencia i Unió, que tienen en las manos la patata caliente de decidir con sus votos la prohibición o no del espectáculo en Cataluña, pero dos de los militantes antitaurinos de más graduación han provocado un reguero de reacciones que en nada benefician a su causa. Tanto el ínclito Mosterín, con sus insultos, como el sinuoso Anselmi, con sus intereses, le han hecho un flaco favor al antitaurinismo ante el grueso de la sociedad. Y sus comparaciones fuera del tiesto, su ciega acritud y sus retorcidos argumentos han chirriado tanto en la tierra del "seny" que dudo que hayan calado en los diputados que aún no tuvieran clara su intención de voto.

Tanto el ínclito Mosterín como el sinuoso Anselmi le han hecho un flaco favor al antitaurinismo ante el grueso de la sociedad

En cambio, la polvareda mediática que el debate ha levantado parece haber decantado la opinión general contra la prohibición, sobre todo por el rechazo a los ladridos del amigo Mosterín. El error de haber comparado la tauromaquia con la violencia de género ha estremecido a señaladas "miembras" de este desnortado partido socialista, como Leire Pajín o Teresa Fernández de la Vega, y no precisamente por su taurinismo sino porque se ha frivolizado sobre uno de los caballos de batalla de su política de partido.

Es así también como se ha puesto de manifiesto que no había que temer a la confrontación de ideas, pues, al situarla en el centro de la actualidad, al convertirla en "tema del día" de la mayoría de las redacciones de prensa, los líderes políticos han tenido que pronunciarse al respecto, y lo han hecho casi siempre en términos de rechazo a la buscada prohibición. Desde Rubalcaba hasta Rajoy.

 Y si algo mejor podemos deducir de las reacciones que se han provocado es que la gente, esa inmensa mayoría indiferente que sólo quiere vivir en paz, no está ahora, con la que está cayendo, porque la anden mareando con debates vacíos y sin interés real que hacen de cortinas de humo ante los verdaderos problemas que sufren a diario.

Por todo eso, y a falta todavía del golpe de descabello de Esplá -que va a ser rotundo, seguro-, es de sospechar que la intención abolicionista no prosperará en Cataluña. Pero, aun así, Esperancita debería haber esperado a otro momento para hacer oportunismo político y no enrarecer, con otro "Derby Barça-Madrid", un proceso que se ha llevado con habilidad versallesca. Sobraba ese brindis al sol con el que parece querer hacer de la Fiesta un patrimonio de la derecha. Pero eso ni es cierto, ni es bueno, ni es oportuno.

En todo caso, si el toreo es un bien de interés cultural para la Comunidad de Madrid, ya habrá tiempo de pedirle cuentas a la "lideresa". Por ejemplo, las cuentas de lo que su gobierno se lleva de Las Ventas.

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Paco Aguado
MADRID 1964
Periodista
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