Nacido en Burdeos el 16 de abril de 1964, José Cubero ‘Yiyo' se trasladó muy pronto a Madrid para vivir en el barrio de Canillejas. De ahí, a la Escuela de Tauromaquia Marcial Lalanda, donde pronto vieron sus buenas condiciones para ser figura del toreo. Su trayectoria de novillero fue esperanzadora y junto a Lucio Sandín y Julián Maestro formó parte de lo que no tardaron en llamar "Los Príncipes del Toreo":
En 1980 debutó con picadores en San Sebastián de los Reyes, terminó la temporada como líder del escalafón con 56 novilladas y logró el Zapato de Oro de la feria de Arnedo. Un año más tarde, debutó en Madrid y el 14 de mayo abría por primera vez la Puerta Grande, lo que le sirvió para tomar la alternativa con Ángel Teruel y Manzanares, en Burgos.
Los años siguientes no fueron fáciles ya que apenas se vistió de luces. Tampoco le fue mejor su confirmación en Madrid, el 27 de mayo de 1982 con Manzanares de padrino y Emilio Muñoz de testigo. Todo cambió en la temporada siguiente. El 3 de abril de 1983 se volvió a anunciar en Las Ventas, consciente de que una buena actuación le abriría las puertas a la feria de San Isidro. Tampoco hubo suerte. En su primer toro, se fracturó la mano y su segundo toro no tuvo un pase. Cuentan que llegó al hotel derrotado, sabía que estaba fuera de Madrid.
Sin embargo, todo cambió cuando Manolo Chopera llamó a su apoderado Tomás Redondo y le ofreció la sustitución de Roberto Domínguez, que días antes había sufrido un accidente de moto. Fue un 22 de mayo y Yiyo cuajó una gran faena al toro ‘Lanzaquema' de Antonio Ordóñez, en una faena bella y poderosa. Por esa actuación, se ganó otra sustitución, la de Espartaco, el 1 de junio. Otra gran tarde del madrileño, que cortó una oreja a un noble toro de Alonso Moreno y arrancó otra tras jugársela con un difícil animal de Bernardino Giménez.
Dos días después de salir a hombros, le ofrecieron otra oportunidad. Ocupó la vacante de Paco Ojeda y cortó una oreja a cada toro de El Viti. Tres tardes triunfales para Yiyo, declarado triunfador de aquel San Isidro, que le catapultó cuando apenas tenía 19 años.
1984 fue el año que lo consagró. Frente al concepto de Paco Ojeda, Yiyo abogaba por un toreo más clásico y templado. Los triunfos en plazas como Sevilla, Pamplona, Zaragoza y Dax se sucedieron y su nombre estaba en boca de todo el toreo. En Pozoblanco, el destino también quiso que torease y matase a Avispado, que unos minutos antes había herido de muerte a Paquirri.
En 1985 José Cubero seguía viviendo un año de expansión. No faltaron los críticos, especialmente en Las Ventas, pero lo cierto es que su nombre estaba llamado a mandar en el toreo. Burlero se lo impidió hace hoy 25 años.